Mi padre y yo viajamos a Asturias, nuestro primer viaje juntos como padre e hijo. Esto ya es significativo por sí mismo, pero el motivo iba mucho más allá de nosotros:

Rememorar el viaje que hicieron hace 50 años mi padre y mi abuelo. Mi padre le acompañó en uno de sus numerosos viajes comerciales, a las fábricas de loza de San Claudio en Oviedo y a la Bohemia Española, fábrica de vidrio en Gijón.

Revivir todo esto ha sido importante para mí. No solo para conocer la historia de nuestro proyecto y de nuestras piezas, sino también la nuestra historia familiar.

Mi abuelo, al que no tuve la suerte de conocer, siempre ha sido para mí una figura casi mística. Una leyenda. Un cuento contado por las personas que lo conocieron. Sigo sin conocerle bien, es muy difícil, pero este viaje y las conversaciones con mi padre me acercan cada vez más a ese ideal.

La visita a la fábrica de San Claudio fue algo especial. Su estado actual, como podéis ver, es el de un lugar que vivió mucho y lo guarda todo. Un ejemplo de la desindustrialización del país y de la deslocalización del trabajo, sí, pero sobre todo un museo involuntario lleno de piezas de gran valor. Recorrerla, colarnos por todos los rincones, mi padre recordando su actividad y yo imaginándola a través de sus palabras.

Siempre recordaré este viaje como un puente. Entre el pasado y el presente, entre mi padre y yo, entre los dos y mi abuelo.

Un saludo, Juan.